"aquí todo es símbolo"

Esta frase es familiar en el mundo masónico que fundamenta su método en el estudio de los símbolos tradicionales y del lenguaje analógico y simbólico.

Los límites del lenguaje
El lenguaje de la vida diaria del ser humano, lenguaje articulado particularmente complejo, no es suficiente como para comunicar toda la información necesaria y crear lazos con los demás; por eso se complementa con gestos y con la correspondiente expresión corporal, completando así el proceso de la comunicación. Proceso que, a pesar de todo, no logra siempre evitar los malentendidos. La palabra es el soporte, sólo encuentra su verdadero sentido en el interior de una frase, que se organiza poco a poco gracias a la sintaxis…
El predominio de la lengua hablada, que se incrementa en nuestra sociedad, desemboca la mayor parte de las veces en una lengua escrita que reproduce fonemas convencionales, una lengua fonética que ha perdido la comunicabilidad directa que ofrecía la pictografía egipcia o china.

El simbolismo colma esta laguna
La comunicación mediante el símbolo, al contrario de la palabra que depende del código, tiene una relación directa con la idea o lo real, que procede de su naturaleza misma.
Por eso, mientras los idiomas y dialectos se multiplicaron en el mundo desde Babel, los símbolos permanecen en el tiempo y en el espacio y conservan un carácter universal que cada uno tiene que investigar, desarrollar según sus conocimientos y su evolución espiritual. El símbolo tiene varios niveles de lectura, la cual no es nunca exhaustiva; es personal, y también comunicable hasta cierto punto, lo que permite los intercambios y la interpenetración.
Por otra parte, no hay que ver símbolos donde no los hay; por ejemplo, no se confundirán símbolo y emblema: el emblema se determina por una relación convencional de acuerdo con la costumbre o a la historia (la bandera francesa, por ejemplo). Por el contrario, el símbolo se define por su vínculo de estructura analógica con una idea, un concepto que no necesita un lenguaje común para ser compartido.

"Nadie entra aquí si no es geómetra"
Las figuras geométricas forman parte de los símbolos que más se imponen en Francmasonería: triángulo, círculo, cuadrado, entre otras, son el producto de una abstracción mental que lleva a comprender mejor los mecanismos de nuestra mente; yendo de lo sencillo a lo complejo, permiten abordar y sacar a luz la esencia misma de los números, las leyes que rigen nuestro universo; por ejemplo, así como el cuadrado representa una evocación del espacio, el círculo puede representar la naturaleza del tiempo y de los ciclos cósmicos.

El simbolismo en plena naturaleza de las cosas
Al contrario de lo que se dice a veces, el simbolismo no es un medio de comunicación prelógico, opuesto al juicio. Es una mirada dirigida, más allá de las apariencias, hacia la naturaleza misma de las cosas. Nos hace descubrir la arquitectura secreta, las múltiples facetas a las que, por lo general, sólo los artistas y los poetas tienen acceso, para volver de este modo a la visión global que es asequible a todos los seres humanos.
Entonces es normal que una sociedad iniciática, como la Francmasonería, que anhela que cada uno de sus miembros haga tabla rasa de los a priori y de los prejuicios, cultive el uso del simbolismo; es el medio más inmediato para cruzar el espejo de las apariencias, para alcanzar la esencia de las cosas y volver a una realidad auténtica porque de ella hemos percibido la multiplicidad. Se trata de una manera de construir la propia identidad sobre bases nuevas, tras poner muchos conceptos en tela de juicio.