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Fue en Inglaterra, a principios del siglo XVIII, cuando la Francmasonería moderna tuvo su origen real. En esta época, las logias de compañeros masones se abrían también a miembros que no formaban parte del oficio. A lo largo de los años, su número se incrementó y estos masones "aceptados" empezaron a cultivar más la reflexión sobre las ideas que la construcción material propiamente dicha. Fue cuando nació la Francmasonería llamada "especulativa", tal como se practica hoy. |
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En 1717, cuatro logias se reunieron para crear la primera Obediencia: la Gran Logia de Londres. En 1723, dos pastores, Anderson y Desaguliers, redactaron constituciones fundadoras que, aunque formalmente reproducidas a partir de las antiguas constituciones del oficio, las "Old Charges", se diferenciaban definitivamente de la línea operativa.
La ambición que se afirmaba en ellas era la de superar los antagonismos religiosos que habían destrozado a los países, imponiendo principios de libertad de conciencia, tolerancia y fe en la capacidad del ser humano a transformarse y a transformar el mundo.
Aunque fueran progresistas para la época, estas constituciones no dejaban ningún lugar a las mujeres y la historia de la francmasonería femenina se sitúa, como la del conjunto de las mujeres, en una voluntad de lucha por la independencia y la autonomía. Su acceso a la reflexión masónica significó una gran aventura de más de dos siglos. |